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Jubilarse es abrir una puerta a la libertad,

por Ricardo Iacub

El psicogerontólogo acaba de publicar un libro que busca acompañar a los mayores cuando dejan el mundo laboral: “Uno de los momentos de transición más importantes de la vida”, define. Es una invitación a pensarse y re-pensarse en esta nueva etapa.

 

Doctor en psicología de la Universidad de Buenos Aires y uno de los más reconocidos psicogerontólogos del país, Ricardo Iacub trabaja desde hace más de 20 años con personas mayores tanto en su consultorio como a nivel comunitario y ha sido un pionero en  la  difusión de  la “nueva vejez” o, en sus palabras, “las nuevas vejeces”. El interés por el campo de los adultos mayores, cuenta en entrevista con La Cita, nació de una“base claramente afectiva: el cariño que sentí por mis abuelos”. Y dos décadas después, la temática lo sigue sorprendiendo, “ver las transformaciones que suceden con los nuevos mayores que desafían día a día los imaginarios negativos y prejuiciosos que tenemos sobre esta etapa vital me emociona y me impacta”, confiesa.

 

Autor de “Erótica y vejez”, “El poder de la vejez” e “Identidad y envejecimiento”, entre otras publicaciones, Iacub acaba de publicar su último libro “Todo lo que usted quiso saber sobre su jubilación y nunca se animó a preguntar” (Editorial Paidós), en donde aborda ese momento de transición tan fundamental en la vida de una persona y recopila testimonios que relatan cómo fue ese proceso, un libro que “busca acompañar uno de los momentos de transición más  importantes de nuestra vida, y como suele su- ceder, no siempre estamos to- talmente preparados”.

 

“Hay una cuestión que es propia del ser humano que es ¿hacia dónde voy? Desde que nacemos tenemos horizontes que nos ordenan: estudiar, trabajar, no tenemos tantas alternativas, pero, ¿qué ‘debemos’ hacer cuando nos  jubilamos? Nada”. Este ‘nada’ como respuesta al ‘deber’ se contrapone con las infinitas posibilidades que se abren al jubilarse. En este nuevo escenario de vejeces las respuestas son múltiples pero en todos los casos Iacub identifica a la jubilación como un momento que se podría caracterizar con dos palabras: oportunidad y desorientación. Hay quienes eligen anotarse en un voluntariado, viajar, estudiar, leer, armarse un taller en la casa, aprender a bailar, cuidar a los nietos o no hacer nada de lo anterior porque nada es un deber para la persona que se jubila, señala Iacub. Y enseguida advierte que “es necesario pensar con anterioridad esta etapa de la vida para encontrar un proyecto que guíe el deseo”.

 

“Más allá de que nos puede cansar o aburrir, de que es rutinario, trabajar nos enlaza con virtudes que son reclamadas por esta sociedad: ser útil, ser valioso, ser heroico, ser productivo.

 

La jubilación nos deja afuera de estos valores y nos otorga un horizonte que no es muy prometedor o, por lo menos, no tiene muy buena fama: el ingreso a ser adulto mayor”.

 

“En los últimos años las personas mayores han  ganado una territorialidad en las universidades, en los voluntariados, en el espacio público en general que les ha dado un sentido de vida, que los hace reafirmarse en pensar que no están ‘pasando’ esos años, sino que los están viviendo”, señala. Muchos son los factores que  incidirán en cómo la persona afronte su jubilación, entre ellas “el género, el poder adquisitivo, las redes sociales que  haya construido a lo largo de su vida, el nivel educativo.  Por ejemplo, las mujeres reportan menos conflictividad ante la jubilación que los varones por una  razón sencilla: a lo largo de su vida tuvieron que afrontar el trabajo afuera a costa de mantener además el trabajo dentro de su casa”, describe. Y continúa: “la jubilación aparece entonces como un reparo histórico de tener que dejar una de sus múltiples tareas y, por otro lado, la mujer desarrolla en su vida mayores habilidades sociales justamente por haber tenido que hacer otras tareas, además de trabajar”.

 

“En el varón, en cambio, existe una demanda de que más allá del deporte, donde se demuestra la virilidad es en el trabajo, esto pasa más que nada en las clases medias, y, entonces, cuando ya no trabaja afuera siente que ha perdido su lugar en la sociedad”, detalla.

 

En referencia a la situación socioeconómica, Iacub identifica que “para los sectores más pobres ‘reinventarse’  será mucho más difícil, no sólo porque cuentan con menor poder adquisitivo, sino porque tienen menos recursos educativos y sociales y esto les dificulta la apertura a otras actividades”.

 

Otro aspecto de la jubilación tiene que ver con su impacto en las relaciones conyugales: “El último censo arrojó que es el grupo etáreo en el que más crecieron los divorcios. No obstante esto no es lo más habitual, sino que lo que más sucede es que las parejas se afianzan, se redescubren, se rearman, pero nunca quedan iguales”, sostiene.

 

“Los nietos constituyen sin dudas un lugar en el que mu- chas personas que se jubilan encuentran un nuevo rol y es saludable, en la medida que sea una  elección de  la persona mayor y no una imposición de sus hijos o hijas”, dice.

 

De los numerosos cursos pre- jubilatorios que el psicogerontólogo ha brindado, destaca como una preocupación común la trascendencia en el lugar de trabajo. “Nosotros trabajamos en esto ¿qué de mi va a quedar? y lo tratamos de dar vuelta, de pensar ¿qué te vas a llevar?, porque esto no depende de la mirada de los otros”. A lo largo de las páginas del libro Iacub vuelca experiencias de personas que han podido rearmar su vida como jubilados, aunque sin obviar en este relato, las sensaciones de crisis por las que atravesaron: “Una mujer que se volcó al voluntariado, el que se construyó un taller dentro de la casa para tener un espacio diferenciado de la mujer, la que empezó a estudiar, el que se hizo religioso, el libro no da una solución sino que muestra múltiples experiencias de cómo se arregló cada uno para salir adelante”, cuenta. Y en esta línea, afirma: “Son muy  pocas las personas que piensan qué van a hacer después de jubilarse, hay personas a las que le faltan meses para cumplir los años y no saben ni que tienen que hacer el trámite. Cuando uno les pregunta dicen cosas efímeras como viajar o dormir, pero hay un pensar interno que la gente no verbaliza que es ese día a día, ¿cómo contás que no sabés qué vas a hacer cuando ya no seas el que sos ahora?”.

 

El desarrollo de un proyecto de vida, de una rutina mínima que ordene el cotidiano son algunas de las propuestas del especialista pero, fundamentalmente, el comenzar a pensar en el tema antes de  que  suceda puede ser una forma de evitar un efecto desestabilizante.

 

“Cuando una persona trabaja planifica su fin de semana, sobre todo su domingo. Es central realizarse las preguntas y pensar- se más allá del trabajo. Sobre todo porque la jubilación es un domingo que puede durar 30 años”.

 

Publicado en Diario La Cita en abril de 2015

 

 

 

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